Si amas a Dios, en ninguna parte estarás triste, porque, a pesar de la diaria tragedia, Él llena de júbilo el universo.
No digas nunca con tristeza ante tus males: "éste es mi destino". Di "éste es mi destino" con alegría.
Alégrate si amas, porque eres más semejante a Dios que los otros. Alégrate si eres amado, porque hay en esto una predestinación maravillosa.