Nada hay tan funesto como presentar al hombre un ideal que no esté de acuerdo con los preceptos de la virtud y halague al propio tiempo sus malas propensiones.
Y las ideas venían alegremente a mi cerebro rejuvenecido. Venían semejantes a un ancho río claro, nacido para aliviar la sed dolorosa de los hombres.
Las ideas fijas fluyen silenciosamente de los cráneos, y se ciernen sobre las cosas.
En mi cabeza penetró, poco a poco, el clavo ardiendo de una idea fija.
Querer prohibir a la imaginación que vuelva a una idea es lo mismo que prohibir al mar que vuelva a la playa.
Toda idea grandiosa es obra de la casualidad.