Toda idea grandiosa es obra de la casualidad.
¡Oh paradojas de la ciencia! ¡Cuán grande eres! ¡Oh ciencia! ¡Cuando te anidas en un cerebro tan bien organizado como el mío!
Levanta un hombre a otro de la miseria y abyección en que se encuentra, y apenas está en pie cancela el beneficio con la moneda negra consabida: la ingratitud.
Es la ciencia que me invade, que me ahoga, que me domina, que se esparce alrededor de mí, en irradiación espléndida.