La idea de separarme de mis padres no era para mí nada dolorosa; la habría aceptado más bien con placer, ya que contaba con el odio del uno y la compasión de la otra, que tal vez no era lo menos.
Cuando más conocían que algo seguía habiendo entre ellos, era en las largas ausencias. Se echaban mucho de menos; y el primer apretón de manos al volver á verse, hablaba de esto.