Estos recuerdos, estos lazos, son de los que no se olvidan.
En este silencio, en esta calma inactiva, había amores.
Y se casó con el que la suerte quiso, aunque ella achacó la elección á voluntad ó diabólica, ó divina: no estaba segura.
Lo que Dios me da á cambio de no gozar el crímen, no es la vida de mis hijos, que no puede ser mía; sino la paz de mi conciencia... que es lo único mío.
El viento cantaba en las entrañas del pino seco su canción metálica. Ahora ya lo comprendía Rosa. Era canción de lágrimas, de abandono, de soledad, de muerte.
Tenía mucho miedo á los grandes dolores morales, porque sabia por experiencia que su sensibilidad para esta clase de males era refinada, carne viva.
Cuando más conocían que algo seguía habiendo entre ellos, era en las largas ausencias. Se echaban mucho de menos; y el primer apretón de manos al volver á verse, hablaba de esto.
La habían hecho entrever el mundo de las penas que son castigo; mundo que la horrorizaba, en que jamás había querido pensar. ¡Qué cosas imaginaba aquel hombre! Si la pasión pecaminosa, satisfecha, debía traer consigo una desgracia inmensa, qué infierno la aguardaba á ella!
Emilio Serrano era de los que opinan que la única tentación seria es la Mujer. Fuera del Arte, de la Filosofía, que en X no se podían cultivar más que á lo solitario, no había más que la Mujer.
Antón de Chinta comprendió que había nacido para pobre cuando palpó la imposibilidad de cumplir aquel sueño dorado suyo de tener un corral propio con dos yuntas por lo menos.
Tu pasión por las artes te pierde.