En este silencio, en esta calma inactiva, había amores.
Sólo en las novelas el amor principia desde un límite fijo y determinado. En la vida real, la cuestión sucede de manera distinta. Va naciendo sin saberse cómo. Se va formando —eso es— como las nubes tupidas en el cielo claro; empieza por ser apenas una mancha turbia contra el azul hasta preñarse de negrura y de amenaza.
La vida es un precio muy elevado por una rosa roja, y la vida nos es a todos muy querida. Es agradable posarse en los árboles del bosque, contemplar el sol en su carroza de oro, y la luna en su carroza de nácar. Sin embargo, el amor es mejor que la vida, y ¿qué es el corazón de un pájaro, comparado con el corazón de un hombre?
Y sentía que cada vez se estrechaba más hacia mí. Yo apretaba su amor entre mis manos y no quería dejarlo escapar y estaba atento a sus zozobras, a sus sospechas, a sus inquietudes para ablandarme y modelarme, no importaba a costa de qué sacrificios. Me parecía que estaba bien así el juego de la vida y veía con cristalina transparencia que nuestro amor era un balanceo mutuo hacia el engaño, con las garras escondidas.
Aquel amor breve fue como la realización de un mandato del Destino.
La quise, ¡yo le juro que la quise sin fijarme en ella, sin complacerme en ella!... Ahora es cuando me detengo amándola, y la veo en todos sus instantes.
El amor del que sufre es más virtuoso y admirable que el de las almas risueñas. Ser feliz y amar es tan llano como percibir el peligro y temer.
El amor no es un mandato. Como todos mis demás sentimientos es mi propiedad.
Eran como golondrinas que emigraran al llegar el invierno. Sus corazones estaban llenos de amor y por ende de esperanza.
Amarme como te amé entonces, como te amo hoy; amarme mucho.
Mas en la vida hay un derecho inalienable que no estuvo en mí el ceder...¡El derecho al amor!
No cabe duda; pero lo ama sin esperanza, y por esto es divino su amor.
Amor, amor, esta palabra no debió ponerse en el corazón de los hombres... Amor habrá hasta que terminen los siglos, y para eso hay que esperar...
La había visto crecer desde niña, había visto redondearse sus líneas y ponerse cada vez más negros sus ojos… Y, de improviso, al descubrir una sonrisa furtiva de ella se había enamorado con toda la vehemencia impulsiva de su alma, con todo el ardor hondo del trópico.
¿A que tú no necesitas los ojos para amar? Lo sientes por dentro. Así es el cielo. Todo es amor y nadie olvida a sus seres queridos.
Cuando el hombre ama de veras, su pasión lo penetra todo y es capaz de traspasar la tierra.
Amar a otra persona es ver la cara de Dios.
Como en el mar, en mi corazón se desarrolla formidable tempestad; y mi amor a ti –que dormía en el fondo de mi corazón–, ha surgido luminoso…
Fueron dos novios dichosos entre la muchedumbre, y hasta llegaron a sospechar que el amor podía ser un sentimiento más reposado y profundo que la felicidad desaforada pero momentánea de sus noches secretas.
Se avergonzó de haberlo hecho una vez, de haber pensado que su amor podría tener fin o medirse como se mide el tiempo de otras cosas.
El amor que entra por los ojos, se escapa por los ojos, porque, los ojos son dos ventanas que están siempre abiertas. El amor que se refugia en el alma, en el alma queda, porque el alma es una torre cerrada.
Parecía a salvo de los tormentos de la esperanza, protegida por la calidad de su amor inventado.
—No tienes nada que perder. Mucha gente no se permite amar precisamente por este motivo; porque hay muchas cosas, mucho futuro y mucho pasado en juego. En tu caso existe únicamente el presente.
El amor es un éxtasis; nos saca de nosotros mismos.
Te quiero desde antes de conocerte.
Total parcial: te quiero. Total general: te amo.
Su primer amor, su primer amante, la única persona con quien nunca había sentido la necesidad de explicarse.
Nada había, sin embargo, de tormentoso en los amores de Fanny, ni sobrada literatura. Era sólo extraordinariamente sensible al amor. Entregábase a cada nueva pasión sin tumulto, en una sabrosa pereza de su ser entero, el de la voluntad, sobre todo.
Este amor, Orfeo, es como lluvia bienhechora en que se deshace y concreta la niebla de la existencia. Gracias al amor siento al alma de bulto, la toco. Empieza a dolerme en su cogollo mismo el alma, gracias al amor, Orfeo. Y el alma misma ¿qué es sino amor, sino dolor encarnado?
A que si yo ofrecía amor, ella devolviese reproche; a que si ella ofrecía amor, yo devolviese orgullo: quizás dos mitades y un solo sentimiento, quizás.
Al contemplar a Maurizia a veces se le llenaban los ojos de lágrimas y el pecho de una oprimente ternura, que él disimulaba de un manotazo, sofocado de vergüenza.
Naturalmente, tú estás enamorado ab origine, desde que naciste; tienes un amorío innato.
Yo creo que el amor surge primero y los motivos vienen después. Cuando estoy con él, tengo la sensación de no necesitar nada más.
Quizás con aquél hubiera sentido algo más; no lo sé; sólo conocí el amor de mi esposo; ah, entregado con una pasión exigente, como si no pudiese vivir un momento más sin saber que yo le correspondo...
Yo ya era así antes de que tú llegaras, caminaba por las mismas calles y comía las mismas cosas. Incluso antes de que llegaras yo ya vivía enamorado de ti y a veces, no pocas, te extrañaba como si supiera que me hacías falta.
Por vos nací, por vos tengo la vida, por vos he de morir y por vos muero.
Y fue así como aquel día, sometiéndome al amor de la mujer, acepté la ley de la muerte.
Porque te quiero; pesa de un lado mis culpas y del otro mi amor y verás que mi amor es más grande...
Mientras más pienses en ella, más tuya la harás, no sólo porque piensas en su belleza y la deseas, sino porque ahora la deseas para liberarla: habrás encontrado una razón moral para tu deseo.
Siempre se había querido tanto que nunca había sentido la necesidad de querer a nadie más.
Aquello era amor: una serie de coincidencias que adquirían significado juntas y se convertían en un milagro.
Son cosas de amor y el amor no entiende razones. Tampoco acepta preguntas ni da respuestas, como decía un poeta.
La quería más que anoche. Y sabía que mañana la querría más que hoy.
Si algo debe comer, y comer bien, es el amor.
El Amor acudió volando, alegre, gentil, feliz, aturdido y confiado como niño, impetuoso y engreído como mancebo, plácido y sereno como varón vigoroso.
El amor es una peste.
¿Es amor esta necesidad irracional de tenerte junto a mí la mayor parte del tiempo? ¿Es amor la seguridad que siento durante los silencios que compartimos? ¿Lo es esta sensación de pertenencia, esta plenitud?
¿Y qué es amor? ¿Quién definió el amor? Amor definido deja de serlo...
Muriendo de amor… Y sí, muriendo de amor, porque no tiene otro nombre esta exhausta adoración sin sangre.
Amor mío, no te quiero por vos ni por mí ni por los dos juntos, no te quiero porque la sangre me llame a quererte, te quiero porque no sos mía, porque estás del otro lado, ahí donde me invitás a saltar y no puedo dar el salto, porque en lo más profundo de la posesión no estás en mí, no te alcanzo, no paso de tu cuerpo, de tu risa, hay horas en que me atormenta que me ames.
El amor es ciego, según cuentan. Y el amor es el único que ve á Dios.
En conociéndola, no quedaba otra cosa que adorarla.
Mi voz, mis caricias, mis ojos que tan dulcemente habían sabido conmoverla en otros días ¿no serían capaces de disputársela al dolor y a la muerte? Aquel amor ante el cual la ciencia se consideraba impotente, que la ciencia llamaba en su auxilio, debía poderlo todo.
¡Primer amor!... noble orgullo de sentirnos amados: sacrificio dulce de todo lo que antes nos era caro a favor de la mujer querida: felicidad que comprada para un día con las lágrimas de toda una existencia, recibiríamos como un don de Dios: perfume para todas las horas del porvenir: luz inextinguible del pasado: flor guardada en el alma y que no es dado marchitar a los desengaños: único tesoro que no puede arrebatarnos la envidia de los hombres: delirio delicioso... inspiración del cielo...
¡Cómo se amaban! Él la contemplaba sobre las estrellas de Dios; su amor recorría toda la escala de la pasión, y era ya contenido, ya tempestuoso en su querer, a veces casi místico.
Por esto, sólo alcanza la inmortalidad aquel que domina el amor de la mujer.
Su amor fulguraba y la enceguía como el sol.
de quien han hecho festín todos los dolores. Empecé por amar y hoy sólo sé que el amor es dolor. ¡Y cuán bello es! Como las rosas. Pero ¡y de aquél que se atreva a arrancarlas sin cuidado: sentirá el agudo punzar de las espinas, que se le irán muy hondo, muy hondo…! Como las llevo yo.
Ahora bien: lo único grave que puede acontecerle a uno cuando tiene quince años, es enamorarse.
Yo amo a mi esposa como la luna ama a la noche, como los pájaros al día, como el mar a la estrella de la tarde. ¡Mila es mi alma, es mi vida, es mis ojos, es mi agua…
—Hemos llegado a querernos de verdad—decía Andrés—, porque no teníamos interés en mentir.
Él la amaba: la amaba con ese amor que no conoce freno ni límites; la amaba con ese amor en que se busca un goce y sólo se encuentran martirios; amor que se asemeja á la felicidad, y que, no obstante, parece infundir el cielo para la expiación de una culpa.