He tenido ojos verdes como las algas que crecen al pie de los muros de mi palacio y que son las que dan al mar ese color verde que admiráis tanto, señora.
El color de un crepúsculo. El rojo era demasiado rojo. El quería un color como el sol cuando ya se ha ocultado, algo como los pétalos de las florecillas rosadas.
Aquel amor breve fue como la realización de un mandato del Destino.
El barro es tosco; yo puedo hacer todo con el barro, pero ¿cómo haría yo a un hombre que pensara, cómo pondría en su cara la palidez del insomnio?... ¡Ah, cuán desgraciado y pequeño soy hermano…!
Los he tenido negros, negros como el fondo del mar, como un pecado, como la noche, como la germinación de un crimen, como una deslealtad, como el alma de la sombra, negros como esta perla en la cual termina mi cuerpo torneado.
¿Por qué quieren ver tus ojos lo que no vieron jamás los humanos ojos?
Yo he tenido ojos azules, azules como el cielo, como el agua clara, como esas noches que dejan ver la vía láctea, azules como el borde de las conchas que crecen en la desembocadura de los grandes ríos. Con ellos veía yo todo azul, azul, azul....
Amor, amor, esta palabra no debió ponerse en el corazón de los hombres... Amor habrá hasta que terminen los siglos, y para eso hay que esperar...
No volver a quedarse dormido en los lugares solitarios. La soledad es un peligro.
El primer beso, el más delicioso, el anhelado.
El Sol, circundado de nubes cenicientas, besaba el horizonte.
Yo siento que algo me falta… Yo siento una ansia inexplicable en mi alma… Yo siento que hay algo que yo podría hacer y sé que podría ser feliz… Tengo un incendio en el alma, veo una serie de cosas pero no puedo expresarlas.
Dos gruesas lágrimas cayeron sobre el plato, como un sacrificio, y un sollozo se ahogó en su garganta.
El dolor es inmenso como el mar, orgulloso como el cóndor, multicolor como el bosque. Tú no conoces el dolor...
Vamos en pos del Sol. El no nos abandonará. El nos recibirá en sus mansiones...
La Luna se elevaba, más blanca que nunca, como un copo de nieve que burlando el peso, surgiera de los montes azules.
La dulce libertad es una amarga mentira...
¿Qué llevas en el pecho que te quema tanto? ¿Qué incendio interior se revela en tus ojos?...
Pero ahora el Destino les cerraba de golpe sus puertas y el porvenir era trágico, inexorable y fatal.
El temor se reflejaba en los rostros, abría desmesuradamente los ojos, hacía palidecer las teces y hería las pupilas cálidas que avivaba el extraño fulgor de los presentimientos.
Al lado del poniente, en vez de casas, extiende el mar su manto verde, cuya espuma teje complicados encajes al besar la húmeda orilla.
A veces ella sollozaba desconsoladamente, y él no tenía frases de consuelo y la dejaba llorar, recostada la cabeza sobre su duro pecho.
Todo lo que los hombres anhelan está en el fondo del mar. Del mar nació el primer germen de la vida.