Hay momentos en que, merced á una serie de abstracciones, el espíritu se sustrae á cuanto le rodea, y replegándose en sí mismo analiza y comprende todos los misteriosos fenómenos de la vida interna del hombre.
Cuando la paz invade las almas pecadoras es como cuando el agua cae sobre los barbechos, que fecunda lo seco y hace fructificar al erial.
Conozco también el valor del alma humana cuando se la somete a rudas pruebas.
El Alma del Mundo se alimenta con la felicidad de las personas. O con la infelicidad, la envidia, los celos.
Y es el sufrimiento del alma, sobre todo, el que hace buenos a los buenos.
Mi alma temblaba á punto de lanzarse al espacio, como el pajáro tiembla y agita ligeramente las alas antes de levantar el vuelo.