Es la cama una especie de celda donde se medita y hace examen de conciencia, tanto mejor cuanto que se está muy á gusto, y ni la luz ni el ruido distraen.
La aldea, cuando se cría uno en ella y no sale de allí jamás, envilece, empobrece y embrutece.
No cabe duda: si hay una hora del día en que la conciencia goza todos sus fueros, es la del despertar. Se distingue muy bien de colores después del descanso nocturno y el paréntesis del sueño.