Flores, frases

Las maderas se han hecho prietas, tomadas como de una pátina de vetustez y cariño; capas de cariño puestas por las miradas y respiración de los dueños.

Hay plantas que necesitan la luz de la noche para florecer. Esperan hasta que salga la oscuridad.

Hay flores marchitas, aplastadas por el lodo, que no por eso dejan de exhalar su perfume cándido.

La mimosa también, recuerdo que también la mimosa tiene sentimientos; puede ser sensitiva y púdica, casta y palpitante, viva, la mimosa...

Hasta aquel instante no se había dado cuenta del hecho sencillo y maravilloso: las flores del campo santo eran exactamente idénticas a las otras, a cualesquiera. Las manzanillas tenían el propio olor amargo, igual blancura abrasada en el centro por toque súbito de rubor; las trigueñas madreselvas, igual penetrante aroma; las cicutas, el eterno oro vivaz de sus pétalos; las digitales, la habitual primorosa elegancia de sus campanas atigradas y velludas. ¿Era posible que no se diferenciasen de las que sólo absorbían jugos de terruño, aquellas flores nutridas con la sustancia de alguien que le había amado a él, que le había amado tanto, hasta la última hora del vivir?

Sólo en uno de los valles, esas pequeñas florecillas que brotan entre la hierba, y que son como niños entre las otras flores, murmuraban y pedían agua con toda la irreflexión de la infancia.

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