La lluvia amortigua los ruidos. Se sigue oyendo aún después de todo, granizando sus gotas, hilvanando el hilo de la vida.
Un paraguas cerrado es tan elegante como es feo un paraguas abierto.
La lluvia amortigua los ruidos. Se sigue oyendo aún después de todo, granizando sus gotas, hilvanando el hilo de la vida.
Un paraguas cerrado es tan elegante como es feo un paraguas abierto.