El llanto es una de las formas de la suprema dicha.
Estaba engañado. No lloraba. Sus ojos se abrían absortos, pero secos. Ni una lágrima. Y yo hubiera querido que llorase.
"Cuando murió Narciso las flores de los campos quedaron desoladas y solicitaron al río gotas de agua para llorarlo. —¡Oh! —les respondió el río— aun cuando todas mis gotas de agua se convirtieran en lágrimas, no tendría suficientes para llorar yo mismo a Narciso: yo lo amaba."
Lloró largamente todo su espanto callado, redoblando el llanto a la menor tentativa de caricia. Luego los sollozos fueron retardándose, y aún quedó largo rato escondida en su cuello, sin moverse ni decir una palabra.
Y, mientras lloraba, una extraña luz iba deshaciendo las tinieblas que poblaban su alma.
No articuló palabra Clarita; pero sus ojos negros cuajados de lágrimas me dijeron muchas cosas en una última mirada.
Las tres mujeres se echaron a llorar. Sabino sentía aquel llanto que se fundía en uno solo. Ancho, despacito y sin parar. Parecía salir de las ropas que caían flojas y sin arquearse en una sola curva. Un llanto que venía de todo, no sólo de las mujeres.
Dos gruesas lágrimas cayeron sobre el plato, como un sacrificio, y un sollozo se ahogó en su garganta.
¡La mujer que no llora es como la fuente que no mana, que para nada sirve, o como el ave del cielo que no canta, a quien, si Dios quisiera, le caerían las alas, porque a las alimañas falta alguna les hacen!
Mauro lloraba a cara descubierta como todo animal sano y de este mundo, sin la menor vergüenza.
De sus ojos secos, atrozmente lindos en un momento, brotó el llanto a raudales, copioso, incontenible...
Y así pasaron días de llanto y de negrura, hasta que las lágrimas fueron yéndose hacia dentro y la casa fué derritiendo los negrores.
Sintió entonces sobre su cuello dos lágrimas pesadas, silenciosas. Ella a su vez recordaría... Y las lágrimas de Lidia continuaban una tras otra, regando como una tumba el abominable fin de su único sueño de felicidad.
"¿Qué es esto?... ¿Qué es esto?... —exclamó—. No quiero abandonar la selva y no sé qué me ocurre. ¿Estoy muriéndome acaso, Bagheera? —No, hermanito. Eso no son sino lágrimas, como las que derraman los hombres —le explicó Bagheera—. Ahora sí eres un hombre, y no sólo un cachorro humano, como antes."
Sobre todo el llanto puede sofocarse mientras no se habla; pero las palabras abren, al salir, la cárcel de las lágrimas, y éstas se escapan.
Como luchan entre sí dos serpientes en la primavera, así luchan en mi corazón ambos sentimientos. De mis ojos corre el llanto, y, no obstante, río mientras él va corriendo.
A veces ella sollozaba desconsoladamente, y él no tenía frases de consuelo y la dejaba llorar, recostada la cabeza sobre su duro pecho.
Y se echó a llorar, como una montaña de hielo que se hunde y principia a derretirse.
Y vi, a la luz de los brilladores astros, que se deslizaba de las pupilas oscuras una lágrima lenta…
Si tu semblante no estuviese diciendo más de lo que estas lágrimas dicen, yo las ocultaría... pero después ¿quién las sabrá...