Rudyard Kipling, frases

Beber es antes que comer: ésta es la razón. Cuando lo único que escasea es la caza, cualquiera puede irla pasando mal que bien en la selva. Pero el agua es el agua.

Os llaman el pueblo libre, y no en balde. Luchasteis por la libertad y la libertad es vuestra. ¡Devoradla, lobos!

Las nueces de antaño, son hogaño tierra negra.

Cuatro cosas hay que nunca están contentas, que siempre son insaciables: la boca de Jacala, el buche del milano; las manos de los monos y los ojos del hombre.

Cosa muy hermosa en la ley de la selva y que puede notarse fácilmente es que el castigo salda en definitiva las cuentas pendientes, y ya no se habla más del asunto.

Por profundamente que detestara a los hombres, a su charla, a su crueldad y a su cobardía, por nada de cuanto pudiera ofrecerle la selva se hubiera decidido a arrebatar una sola vida humana, ni a sentir de nuevo ese terrible olor de sangre en sus narices.

Durante esa noche que te concedo, si llegaras a tropezar con el de la piel desnuda (cuyo nombre es el hombre), no sentirás miedo de él, sino que él te temerá a ti, como si fueras tú, junto con los tuyos, juez de la selva.

De la misma manera que yo volví a mi selva, así tú deberás volver, finalmente, a donde están los hombres... los hombres que son tus hermanos.

No, no son ingratos. No piensan en los demás, eso es todo.

Es tan grande tu corazón, como cortés tu lengua. Ambos te llevarán muy lejos en la Selva, hombrecito.

Al fin, el hombre siempre vuelve al hombre, aunque la selva no lo arroje de su seno.

La cosa más difícil del mundo es asustar a una mangosta, porque, de la cabeza a la cola, se la come viva la curiosidad. El lema de toda la familia de mangostas es: 'Corre y busca.'

Tan sólo cuando, como ocurre ahora, un gran miedo parece amenazar todas las cosas, podemos los habitantes de la Selva poner a un lado todos nuestros recelos de poca monta y reunirnos en un mismo sitio.

"¿Qué es esto?... ¿Qué es esto?... —exclamó—. No quiero abandonar la selva y no sé qué me ocurre. ¿Estoy muriéndome acaso, Bagheera? —No, hermanito. Eso no son sino lágrimas, como las que derraman los hombres —le explicó Bagheera—. Ahora sí eres un hombre, y no sólo un cachorro humano, como antes."

Existe un día en que las cosas parecen fatigadas, y hasta los mismos olores, al elevarse por el pesado aire, parecen algo viejo y usado. Luego viene otro día en que todos los olores parecen nuevos y son deliciosos.

Volviendo la espalda, echó a andar con el Lobo Solitario, y entonces, como se le ocurriera mirar a las estrellas, se sintió verdaderamente feliz.

Lo que es ahora, ha sido también antes. Lo que será, no es más que un año olvidado que hiere al mirar hacia atrás.

Cuando secos están arroyo y laguna, todos somos hermanos; mezclados nos ven las riberas, ardientes las bocas, polvo en los flancos, sin deseos de caza, y por temor igual paralizados.

Ahora bien: el chacal había hablado precisamente para que lo oyeran, porque sabía que la adulación era el mejor medio de procurarse comida; y el Mugger sabía que sólo con tal fin había hablado el chacal; y el chacal sabía que el Mugger no ignoraba esto; y el Mugger sabía que el chacal sabía que aquél lo sabía; y así, todos se quedaban tan contentos.

Yo te enseñaré la ley. A mí me toca hablar, y, aunque no pueda ver ya ni las rocas que tengo delante, todavía veo muy lejos.

Creía él que todas las cosas son un enorme milagro, y cuando un hombre llega a saber esto, sabe ya algo que le sirve de base. Sabía con toda certeza que no había nada grande o pequeño en el mundo.

Como luchan entre sí dos serpientes en la primavera, así luchan en mi corazón ambos sentimientos. De mis ojos corre el llanto, y, no obstante, río mientras él va corriendo.

Más vale morir entre todos los de la manada, que sin guía y solo, esta será una cacería magnífica y... la última en que tomaré parte.

Le quitaste a la muerte las cadenas que apresaban sus pies, y ahora ella seguirá tus huellas hasta que mueras.

Tú le enseñaste al hombre a matar, y él es un discípulo que pronto aprende.

Esa noche, cuando lo veas atemorizado, ten misericordia de él, porque también tú conoces el miedo.

Acuérdate, madre: siempre es la séptima ola la que llega más lejos en la playa.

La ley era como una enredadera gigante, ya que alcanza a todas las espaldas sin quedar exenta ninguna de sentir su peso.