Soy hombre: duro poco
y es enorme la noche.
Los del planetilla revoltoso no hacen más que pedir. Nadie quiere penar; todos creen merecer. Ninguno acepta su misión fatal e ineludible, ni se resigna a cumplirla. Imaginan que la vida debe ser la felicidad, cuando es sólo ocasión de conseguirla.
Así, el objeto supremo de la virtud es el hombre. El ejercicio de la fraternidad humana vale más que todas las prácticas rituales, inclusive la limosna y la castidad. La verdad es superior a la oración. El trabajo es la suprema dignidad de la vida.
Lo que hace un hombre es como si lo hicieran todos los hombres.
De la misma manera que yo volví a mi selva, así tú deberás volver, finalmente, a donde están los hombres... los hombres que son tus hermanos.
Usted ha visto lo que jamás vio nadie en el mundo de los vivos sobre el destino de la humanidad, sobre la razón de sus terrores y de sus míseras ansias de serenidad.
A la gente no le gusta vivir con gente distinta. Desconfiará, tal vez. Otras costumbres, otra manera de hablar la asustarán, como si el mundo fuera confuso, oscuro, de repente. La gente quisiera que todos fueran iguales, que los demás se olvidaran de sus costumbres, mataran a sus seripigaris, desobedecieran las prohibiciones e imitaran las de ellaю
Una vez que el hombre, débil, desnudo y sin garras, hubo dominado a los demás animales por el esfuerzo de su inteligencia, llegó a temer por el destino de su especie.
Pero el hombre no está hecho para la derrota. Un hombre puede ser destruido, pero no derrotado.
Sí, el hombre no hace sino buscar en los sucesos, en las vicisitudes de la suerte, alimento para su tristeza o su alegría nativas.
Los hombres no sucumbimos a las grandes penas ni a las grandes alegrías, y es porque esas penas y esas alegrías vienen embozadas en una inmensa niebla de pequeños incidentes.
Al fin, el hombre siempre vuelve al hombre, aunque la selva no lo arroje de su seno.
No importa lo que haga, cada persona en la Tierra está siempre representando el papel principal de la Historia del mundo. Y normalmente no lo sabe.
Somos los hombres copartícipes de la esencia divina, somos rayos refractados del mismo sol, y nos acompaña también su poder de hacer el mundo a nuestra imagen y semejanza.
Hombre y Devastación son sinónimos desde tiempo inmemorial en el Pueblo entero de los Animales.
La ley de la naturaleza, aislada, sola, invóquenla las bestias: nosotros invocamos otra más alta. Para eso somos hombres, hijos de Dios y redimidos por él.
En todas partes el hombre en su estado natural es un canalla, idiota y egoísta.
Lo más excelente del hombre está fuera del poder humano; no se le puede dar ni quitar.
No es el hombre criatura capaz de contenerte,
avidez que sólo en la sed se sacia,
llama que todos los labios consume,
espíritu que no vive en ninguna forma
mas hace arder todas las formas.