Armando Palacio Valdés, frases

Nada hay tan funesto como presentar al hombre un ideal que no esté de acuerdo con los preceptos de la virtud y halague al propio tiempo sus malas propensiones.

Hijos míos, huyan ustedes de los afeites, no se dejen aprisionar por la molicie, por los placeres muelles que afeminan y debilitan. Un pueblo vigoroso es un pueblo libre.

No hay medio más eficaz de suavizar nuestros dolores, de aplacar nuestra cólera y arrojar el veneno de las pasiones que verlas reflejadas en el espejo de una obra de arte.

Las palabras, por hermosas y concertadas que sean, no penetran en mi corazón. Quiero oír el acento de Dios, quiero ver su mano poderosa.

Quien se considera de buena fe superior a los seres que le rodean, tiene mucho adelantado para que éstos se le humillen.

El constante padecer que le envenenaba todos los placeres, comenzó a influir de modo notable en su carácter: se tornó hipocondríaco, pesimista, irascible.

¡Vivir! Vivir, vivir de cualquier modo que fuese; vivir sin placeres, porque el vivir es el mayor de todos.

Lo que debe tener un hombre ante todo es dirnidad, mucha dirnidad, y morir como Dios manda, sin dar que decir a la gente.

Asciende si puedes con la inteligencia y el corazón a las más altas cimas, paséate sobre las crestas nevadas, comunícate con las nubes y las aves del cielo. Para vivir escoge la falda de la montaña.

La teoría de la inspiración es falsa y ridícula: la inspiración acude delante de las cuartillas y de los libros, no en las mesas de los cafés ni en las salas de juego: cuando no gusta lo que se ha escrito, se rompe y se escribe de nuevo preparándose convenientemente con el estudio y la meditación; pero no se van a buscar ideas a la ruleta.

El pasado no nos pertenece; el porvenir, tampoco. Agarrémonos al presente, que es nuestra propiedad. Si gozamos, pensando que es por algo; si sufrimos, pensando que es para algo.

Dios está en todas partes, es verdad, pero yo tengo la desgracia de no verlo más que en el alma de los seres nobles.

Si es posible, no me des la naturaleza angélica, porque los ángeles tienen alas, y temo que un día me duela una de ellas y no pueda libremente volar hacia Ti, soberano Rey de los cielos.

Los ojos no se saciaban jamás ante aquellos panoramas espléndidos. El espectáculo de la mar me embriagaba, y el del cielo estrellado me causaba vértigos.

En la mayoría de los corazones hay tal vacío que, en cuanto se le hace un pequeño agujero, el odio se precipita dentro silbando.

El hombre serio es quien triunfa en la vida; pero el hombre que no es serio es quien triunfa de la vida.

Somos los hombres copartícipes de la esencia divina, somos rayos refractados del mismo sol, y nos acompaña también su poder de hacer el mundo a nuestra imagen y semejanza.

Admirar una obra de arte es participar del talento de quien la ha producido, como admirar una obra de caridad es compartir la bondad del ser humano que la ha ejecutado.

No hay quien me saque de la cabeza que el día en que me muera, si Dios me tiene en su gracia, nadaré solo por los espacios tenebrosos hasta que un ángel se acerque a mí, roce mi frente con sus alas, me eche los brazos al cuello, me bese y me invite dulcemente a tocar el tambor.

La maternidad es nuestra dicha y nuestro tormento, nuestra emancipación y nuestra cadena.

Comenzó para ambos el período de los placeres amargos, la felicidad con sobresalto: aparentando no mirarse, no se quitaban ojo; fingiendo que apenas se conocían, estaban siempre juntos. Tal es el lote de la pasión criminal.

Yo no gozo con lo que aquí suele gozar la gente; antes bien sus placeres son ocasión de padecer para mí, porque nada hay que atormente tanto como encontrarse aislado entre la muchedumbre y á mil leguas de sus pensamientos y aspiraciones.

¡Cada mujer no es más que un capricho con piernas y brazos!

Nosotros, los médicos, somos los confesores de los hombres que no creen en la confesión.

¡Qué dulces momentos! ¡Qué íntima y pura felicidad! ¡Qué obscuridad tan luminosa! Si echo una mirada al curso de mi vida, no encuentro en toda ella un minuto de dicha más perfecta que la que experimentaba en aquel polvoriento almacén con las ventanas cerradas.

Таємницею любові володіє жінка; їй, отже, належить моральний світ; вона і повинна судити.

Alma mía, ya que no puedes otra cosa, pon la proa al bien, que Dios se encargará de hinchar las velas.

Andrés quedó en éxtasis ante aquel semicírculo inmenso de montañas, que parecían los escaños vacíos de un congreso de dioses. En los más altos tocaban casi las nubes rojas que acompañaban al sol en su descenso.

Donde empieza el odio, empieza el error.

La fecundidad del escritor no debe medirse por el número de sus obras, sino por el tiempo que éstas duran en la memoria de los hombres. Escritor fecundo es aquel que a través de las edades hace sentir su influencia, fecundiza con su obra el pensamiento de la posteridad, vive con todas las generaciones, las acompaña, las instruye, les hace gozar y sentir.

Las horas se deslizaban divinas espiando el vaivén de las olas, los vivos cambiantes de sus volutas verdes, los destellos de sus crestas rumorosas.

Hubo una época en que la bohemia invadió toda la literatura. Para ser literato era preciso no sólo ser un perdulario sino afectarlo; vivir a la ventura, no pagar a la patrona, dormir algunas veces al aire libre, rodar noche y día por los cafés, pedir dinero a todo el mundo con resolución de no devolverlo.