La literatura se parece mucho a las peleas de los samuráis, pero un samurái no pelea contra otro samurái; pelea contra un monstruo. Generalmente sabe, además, que va a ser derrotado. Tiene el valor sabiendo previamente que va a ser derrotado, y salir a pelear: eso es la literatura.
Podrá no haber poetas; pero siempre
Habrá poesía.
La novela en general es como la corriente de la historia: no tiene principio ni fin; empieza y acaba donde se quiera.
Mi escritura trataba de ti, allí sólo me quejaba de aquello que no podía quejarme sobre tu pecho.
A veces me creía pésimo, a veces fracasado, pero siempre un escritor.
Soy apenas un episodio en la historia de nuestra literatura, la transitoria y fortuita encarnación de un momento de la lengua española.
Todos los escritores son grotescos, escribe Wieder. Todos los escritores son Miserables, incluso los que nacen en el seno de familiar acomodadas, incluso los que ganan el Premio Nobel.
Quando sobre o papel a pena escreve,
a qualquer hora solitária,
quem a guia?
A quem escreve o que escreve por mim,
margem feita de lábios e de sonho,
colina quieta, golfo,
ombro para esquecer o mundo para sempre?
Cierto que los poetas escriben generalmente sus mejores composiciones en la juventud, y que muchas veces mueren viejos, con la lira destemplada o enmudecida...
La fecundidad del escritor no debe medirse por el número de sus obras, sino por el tiempo que éstas duran en la memoria de los hombres. Escritor fecundo es aquel que a través de las edades hace sentir su influencia, fecundiza con su obra el pensamiento de la posteridad, vive con todas las generaciones, las acompaña, las instruye, les hace gozar y sentir.
Mis escritos se trataban de ti: en ellos quedaban consignadas las quejas que yo no podía presentarte a ti, en persona. Era una despedida de ti, que yo dilataba intencionalmente, y a la cual tú me forzabas.
Carezco de la vocación de héroe. Soy un espectador, un curioso y nada más. En algunas circunstancias las impresiones de las vidas vulgares, contadas con exactitud y con detalles, pueden tener algún interés y dar el carácter de la época con tanta exactitud como la de los hombres arriesgados y extraordinarios.
Hubo una época en que la bohemia invadió toda la literatura. Para ser literato era preciso no sólo ser un perdulario sino afectarlo; vivir a la ventura, no pagar a la patrona, dormir algunas veces al aire libre, rodar noche y día por los cafés, pedir dinero a todo el mundo con resolución de no devolverlo.
Busca la sensación, ¡ante todo la sensación! Y la sensación poética es producto de musicales combinaciones de palabras y no de lógica sucesión de ideas, ¡Música, música, mucha música! Y después luz, ¡oh la luz!
Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas, o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida el dulce veneno de la vanidad.