En la lucha entre tú y el mundo, apuesta por el mundo.
Existe una opinión según la cual el miedo al matrimonio se origina, a veces, en el temor de que los hijos más tarde le hagan pagar a uno sus pecados frente a los propios padres.
La tacañería es uno de los síntomas más claros de que se es profundamente desgraciado.
Casi ninguna de las palabras que escribo concuerda con la otra, oigo cómo las consonantes rozan unas contra otras con un ruido metálico y las vocales cantan como negros en la feria.
Precisamente como padre has sido demasiado fuerte para mí. Yo hubiese sido feliz teniéndote como amigo, como jefe, tío o abuelo, pero precisamente como padre has sido demasiado fuerte para mí.
La mentira se eleva a fundamento del orden mundial.
Ni siquiera tu desconfianza por los demás es tan grande como mi desconfianza por mí mismo, en la que me has educado.
Mucho más importante es, sin embargo, el temor de mí mismo.
Mi escritura trataba de ti, allí sólo me quejaba de aquello que no podía quejarme sobre tu pecho.
Karl siempre será culpable allá a donde vaya, nunca encontrará una buena acogida entre nadie. Lleva la culpa dentro de él, y esa culpa lleva aparejado su consiguiente castigo.
Pero su destino es el de desaparecer siempre.
El matrimonio era un lujoso castillo que reconstruía la misma prisión de la que intentaba escapar.
La sentencia no se pronuncia de una vez, el procedimiento se va convirtiendo lentamente en sentencia.
Sobre todo no detenerse a mitad de camino, eso era lo más insensato, no sólo en los negocios sino siempre y en todas partes.
El tribunal no quiere nada de ti. Te recibe cuando llegas y te deja ir cuando te marchas.
Algo indudable es mi avidez de libros. No tanto de poseerlos o leerlos como de verlos, de convencerme de su existencia frente al escaparate de una librería.
Es propio de este tipo de justicia que uno sea condenado no sólo inocente, sino también ignorante.
El matrimonio, la familia, tener hijos, me parece lo máximo en la vida de un hombre.
El gesto de amargura del hombre es, con frecuencia, sólo el petrificado azoramiento de un niño.
Me parece entonces que para mi vida sólo pueden tomarse en consideración aquellos lugares que tú no cubres o que no están a tu alcance.
Mis escritos se trataban de ti: en ellos quedaban consignadas las quejas que yo no podía presentarte a ti, en persona. Era una despedida de ti, que yo dilataba intencionalmente, y a la cual tú me forzabas.
Para mí, un niño, toda palabra que me dirigías era como un precepto divino, nunca lo olvidaba, lo asimilaba como el medio más eficaz para juzgar el mundo.
El hombre libre está siempre por encima del encadenado, y el hombre, sin duda, está libre pues puede ir adonde quiera. Solo la entrada a la ley le está vedada, y esto a través de un solo individuo, el guardián.
Dormido, despertado, dormido, despertado, qué asco de vida.