Destino, frases

No hay divinidad a quien se rinda culto más sincero y universal que a la Fortuna. Los hombres desde que empiezan a serlo, en lo que llaman edad de la razón le consagran la vida. Fortuna en cambio con la esperanza les atrae, con la codicia les excita, con la molicie les corrompe, o con la soberbia les ciega, hasta que enseñoreada de ellos, les deja unas veces que realicen su ambición y otras que satisfagan su apetito.

Si es realmente la fatalidad, fuera inútil oponerse a lo inevitable.

Sólo dos cosas negó la Naturaleza a la Fortuna, que ni puede hacer generoso al mezquino, ni consigue acallar el remordimiento en la conciencia del malvado.

La fortuna agobia a aquellos sobre quienes cae de improviso: el que vigila constantemente la vence sin trabajo.

Porque uno anda sin que el destino se acuerde de uno, hasta que un día lo encuentra, se acuerda de uno y

La verdad es que la vida en mi familia poco tenía de placentera, pero como no nos es dado escoger, sino que ya —y aun antes de nacer— estamos destinados unos a un lado y otros a otro, procuraba conformarme con lo que me había tocado, que era la única manera de no desesperar.

Pero su destino es el de desaparecer siempre.

Al que el destino persigue no se libra aunque se esconda debajo de las piedras.

Los vientos de la fortuna nos empujan y nuestros pasos son decisivos todos.

Los mismos cueros tenemos todos los mortales al nacer y sin embargo, cuando vamos creciendo, el destino se complace en variarnos como si fuésemos de cera […]. Hay hombres a quienes se les ordena marchar por el camino de las flores, y hombres a quienes se les manda tirar por el camino de los cardos y de las chumberas.

Cualquier destino, por largo y complicado que sea, consta en realidad de un solo momento: el momento en que el hombre sabe para siempre quién es.

Comprendió que ningún destino es mejor que otro, pero que todo hombre debe acatar el que lleva adentro.

Pero ahora el Destino les cerraba de golpe sus puertas y el porvenir era trágico, inexorable y fatal.

Fue feliz durante casi toda su vida, porque la Fortuna le halagó propicia, siendo para él en la juventud novia cariñosa, en la edad viril mujer amante y luego sumisa compañera; únicamente en la vejez, cuando creía tenerla más sujeta, comenzó a mostrársele rebelde, como hembra cansada de ser fiel mucho tiempo.

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