Carlos-Octavio Bunge, frases

Ser sabio... es tener el derecho de equivocarse.

Los viejos conocemos a los jóvenes mejor que ellos se conocen.

El amor que entra por los ojos, se escapa por los ojos, porque, los ojos son dos ventanas que están siempre abiertas. El amor que se refugia en el alma, en el alma queda, porque el alma es una torre cerrada.

Estaba ella triste porque su curiosidad de mirar las almas la había desengañado de hombres y cosas.

A ti, Cristela, los rostros te sonríen como rosas, blancas, amarillas y encarnadas. Pero las almas son siempre rosales llenos de espinas... ¡Mira las rosas y no toques los rosales!

Tu mala costumbre, Cristela, consiste en no contentarte con mirar el rostro de la gente, y mirarles también el alma. ¡Nunca mayor imprudencia! El rostro es, generalmente, la máscara del alma. Los rostros suelen ser agradables o interesantes; las almas son casi todas desagradables y vulgares. En ellas se lee egoísmo, concupiscencia y vanidad.

Para casarse, casarse por amor... El amor entra por los ojos y se alberga en las almas...

Su amor fulguraba y la enceguía como el sol.