Es la cama una especie de celda donde se medita y hace examen de conciencia, tanto mejor cuanto que se está muy á gusto, y ni la luz ni el ruido distraen.
Había dormido mucho, un sueño negro como el sepulcro. Sufría sin saber por qué, en aquella sumersión de pesadilla.
Cuando nos despertamos del más profundo sueño, rompemos la telaraña de algún sueño. Y, no obstante, un segundo más tarde es tan delicado este tejido, que no recordamos haber soñado.
Sólo una cosa tendría derecho a despertarla, sólo una felicidad tendría derecho a interrumpir esta felicidad del cuerpo sereno en el sueño, recortado sobre la sábana, envuelto en sí mismo con una tersura de luna enlutada.
Ven conmigo. En mi noche hay estrellas. Mi mar se desmaya en playas de oro. En mi sueño se sueña. Ven conmigo.
Sus inmovilidades pensativas, soñando con los ojos entrecerrados, tenían para ella misma la elocuencia de casi un dúo de amor.
Pero tengo miedo de que sea una gran decepción, y por eso sólo prefiero seguir soñando.
Nunca desistas de un sueño. Sólo trata de ver las señales que te lleven hasta él.
Despertaba al amanecer para sentarse en la cama a observar a su mujer dormida con tal atención que aprendió a adivinarle los sueños.
Con todo, debo dormir. Ellas duermen, y la luna y el sol también duermen, y hasta el océano duerme a veces, en ciertos días, cuando no hay corriente y se produce una calma chicha.
Yo sí que sé lo que buscaba. Pero no existía, así que no llegué aescaparme.
Á solas, en la obscuridad de su alcoba, ó en el silencio del jardín, imaginaba fácil y hacedero lo que después le parecía imposible. Mas como siempre nos inclinamos á creer aquello que nos agrada, poco á poco la idea de que sus sueños no eran de todo punto irrealizables, como al principio sospechó, fué ganando terreno en su entendimiento.
Parecía el hilo más tenue de la telaraña de los siglos: parecía un gemelo de la muerte: el sueño.
No cabe duda: si hay una hora del día en que la conciencia goza todos sus fueros, es la del despertar. Se distingue muy bien de colores después del descanso nocturno y el paréntesis del sueño.
Las realidades del mundo me afectaban como visiones, y como visiones solamente, mientras que los locos pensamientos de la tierra de los sueños se convertían, á su turno, no en el alimento de mi vida diaria, sino en mi vida misma.
El insomnio acabó por vencerme y desmoralizarme. Me abandoné a él como un náufrago que pierde las fuerzas en la corriente.
No teniendo nada que soñar, deseábamos dormir, dormir y despertar con la aurora para seguir viviendo el sueño real de nuestra vida.