Para el mozo sano y fuerte, París es el placer y el goce vedado y picante; para el valetudinario, la salud conseguida por el directorio del gran médico especialista; para la dama elegante, la consulta al oráculo de la moda; para los que amamos las letras y el arte, el alambique donde se refina y destila la quintaesencia del pensamiento moderno, la Meca donde habitan los santones de la novela y del drama, el horno donde se cuecen las reputaciones… y, por último, para los políticos, el laboratorio donde se fabrican las bombas explosivas, el taller donde se cargan con dinamita los cartuchos y los petardos que han de estallar alarmando y consternando a Europa…