¿Qué bosque o selva umbrosa
no fue de nuestra caza fatigada?
Mas nosotros, si talan nuestros bosques
Que cuentan siglos... ¡quedan ya tan pocos!
El bosque estaba allí, con su libertad como fuente de dicha, y sus peligros como encanto
El fresno por la selva en hermosura
sabemos ya que sobre todos vaya
¿Qué selva mejor que la del sátiro, a quien él encantaría, donde sería tenido como un semidiós; selva toda alegría y danza, belleza y lujuria; donde ninfas y bacantes eran siempre acariciadas y siempre vírgenes; donde había uvas y rosas y ruido de sistros, y donde el rey caprípedo bailaba delante de sus faunos beodos y haciendo gestos como Sileno?
Esas selvas agrestes, esos bosques
Seculares y hermosos
Vamos a cazar colores,
ilusión los bosques dan
Temblaban de miedo ante la profunda arboleda que se movía por todos lados como un oleaje de sombras.
Arbol feliz, el roble rey en su selva fragante
Los bosques que encubren la superficie del país son primitivos, pero en ellos las pompas de la India están revestidas de las gracias de la Grecia
He sentido que la Naturaleza es sociedad, cientos de veces al pasearme en un bosque y tener el sentimiento de solidaridad con las encinas
La primavera besaba
suavemente la arboleda,
y el verde nuevo brotaba
como una verde humareda
¿Qué nuestras míseras vanidades de jardineros ante la excelsitud de aquel árbol de la selva
Nada más ameno que esos trozos de selva, destacándose con decorativa singularidad sobre el almagre del suelo
Los dioses le habían dicho: «Goza, el bosque es tuyo».
Las selvas, a su voz también atentas,
bramando pareció que respondían,
condolidas del daño y descontentas
Hay que ir de vez en cuando a vivir en lo natural, y a conocer la selva.
Donde es más solo el bosque, y el hombre piensa más en las maravillas del mundo.
¡Oh, la selva sagrada! ¡Oh, la profunda / emanación del corazón divino / de la sagrada selva!
¡Torna presto á poblar nuestros bosques;
Y que tornen contigo las hadas
dentro el bosque la noche sobreviene brusca