Alejandro Dumas, frases

Siempre tiene uno prisa por ser feliz, señor Danglars; porque quien ha sufrido mucho, apenas puede creer en la dicha.

No soy orgulloso, sino feliz, y la felicidad ciega algunas veces más que el orgullo.

Soy en este momento demasiado feliz para estar alegre.

No temáis las ocasiones y buscad las aventuras.

Nunca se está en paz con los que nos hacen un favor, porque aunque se pague el dinero, se debe la gratitud.

Somos mortales, y es necesario que los viejos cedan su puesto a los jóvenes; a no ser así no habría ascensos.

Cuando el diablo se mezcla en los asuntos humanos para arruinar una existencia o trastornar un Imperio, es muy extraño que no se halle inmediatamente a su alcance algún miserable al que no hay más que soplarle una palabra al oído para que se ponga seguidamente a la tarea.

El que odia no se engaña en los sentimientos de los demás.

Paréceme que el hombre no ha nacido para ser feliz con tanta facilidad. La dicha es como esos palacios de las islas encantadas, cuyas puertas guardan formidables dragones; preciso es combatir para conquistar.

Quien tiembla un segundo deja escapar quizá el cebo que precisamente durante ese segundo la fortuna le tendía.