Citas del Día

Te estoy viendo y no deseo más que poder cogerte y encerrarte dentro de mi corazón, abrazándote y apretándote contra mi pecho... fuerte, muy fuerte.

¡Ay sí, era un abrazo disimulado, hipócrita, diplomático, pero un abrazo para Anita!

Y ya, en esto, se venía a más andar el alba, alegre y risueña…

Sí, sí, hay un aburrimiento inconsciente. Casi todos los hombres nos aburrimos inconscientemente.

«Si el sueño es el punto supremo de la relajación corporal, el aburrimiento lo es de la relajación espiritual.

stamos aquí para morirnos de aburrimiento y luego preguntarnos cómo es posible aburrirse tanto.

Los seres humanos hacen la vida tan interesante. Sabes, que en un universo tan lleno de maravillas, han conseguido inventar el aburrimiento.

Solamente del tedio no podemos dolernos nunca de que se haya acabado.

Los dos jóvenes iban a abrazarse, y un algo los detuvo. Sin embargo, sus pupilas tradujeron el abrazo de dos almas que sueñan en confundirse para siempre.

...ese abrazo, aunque resultara desabrido, volvía a apretar, cada vez, los vínculos aflojados.

si los hombres no son fieras es porque son más fieros: que de su crueldad aprendieron muchas veces ellas.

Et contésceles como a las bestias que van cargadas de oro que sienten el peso que lievan a cuestas et non se aprovechan de la pro que ha en ello.

Moría casi bajo el doble abrazo / de tu mirada y de la noche bella.

Siempre tiene uno prisa por ser feliz, señor Danglars; porque quien ha sufrido mucho, apenas puede creer en la dicha.

La vida es aburrida, como un relato contado dos veces que atormenta el oído sordo de un hombre adormilado.

Me dijo un alba de la primavera:
Yo florecí en tu corazón sombrío
ha muchos años, caminante viejo.

No hay quien pueda restituirte los años, y ninguno te restituirá a ti mismo: la edad proseguirá el camino que comenzó, sin volver atrás ni detenerse; no hará ruido ni te advertirá de su velocidad; pasará con silencio.

Jean Valjean, hermano mío, vos no pertenecéis al mal, sino al bien. Yo compro vuestra alma; yo la libro de las negras ideas y del espíritu de perdición, y la consagro a Dios.

¡Es el Tedio! … Tú conoces, lector, este monstruo delicado.

Nada hay tan funesto como presentar al hombre un ideal que no esté de acuerdo con los preceptos de la virtud y halague al propio tiempo sus malas propensiones.

La mitad de los que se exaltan por un agravio, dejarían de enojarse si les quitásemos ese deleite furioso de decir lo que dicen, que torna a encenderles, y así van dándose la vuelta como una pescadilla frita mordiéndose la cola.

El chico sintió crecer su espanto, porque para la mentalidad objetivadora de las sencillas almas campesinas, un crimen es un triángulo con tres vértices igualmente aguzados y peligrosos: el delincuente, la policía y el juez.

El llanto es una de las formas de la suprema dicha.

Y contrastando, en el fino cobre del rostro, con aquella melena de ardiente lobreguez, que devoraba las finas cejas nerviosas, sus ojos azules, hondísimos, inmensos, que un poeta árabe habría cantado, al morir por ellos de amor, "implacables como el destino y largos como el tormento", dilataban, con la pureza inconquistable de la luz, la antigua serenidad del mar violeta.

Si en algún momento el Tiempo detiene su mano, es sólo cuando somos entregados a la miseria del aburrimiento.

En ocasiones un potrillo de lai, lindo de estampa, juerte pal trabajo, ligero pal camino, va al poder de un gaucho vago que lo galopea a medio día y lo larga en noche de helada, sin tomarse siquiera el cuidao de pasarle el cuchillo por lomo.

No sé por qué Dios nuestro señor no ha dispuesto que nuestros maridos no sufran los mismos dolores que nosotras cuando damos a luz un niño; así se enseñarían a tener más cariño por sus madres, conociendo lo que han sufrido, y más consideración a sus mujeres.

Aburrirse es besar a la muerte.

Yo vivo en el fondo de estas aguas; incorpórea como ellas, fugaz y trasparente.

No hay divinidad a quien se rinda culto más sincero y universal que a la Fortuna. Los hombres desde que empiezan a serlo, en lo que llaman edad de la razón le consagran la vida. Fortuna en cambio con la esperanza les atrae, con la codicia les excita, con la molicie les corrompe, o con la soberbia les ciega, hasta que enseñoreada de ellos, les deja unas veces que realicen su ambición y otras que satisfagan su apetito.

¿Por qué buscas con él la soledad que tantas veces me dijiste te era odiosa sin mí?

En tres tiempos se divide la vida: en presente, pasado y futuro. De éstos, el presente es brevísimo, el futuro dudoso, el pasado cierto: porque éste, que con ningún imperio puede volver atrás, y en él perdió ya su derecho la fortuna, es el que no gozan los ocupados, por faltarles tiempo para poner los ojos en lo pasado.

Hijos míos, huyan ustedes de los afeites, no se dejen aprisionar por la molicie, por los placeres muelles que afeminan y debilitan. Un pueblo vigoroso es un pueblo libre.

Es fina, pálida, morenuca. Y ha sido embrujada con un bebedizo de indiferencia.

Estos recuerdos, estos lazos, son de los que no se olvidan.

Abraza mucho a su madre, la abraza muy fuerte, con la cabecita baja, como si quisiera quedarse en su corazón.

Entonces —sólo entonces— pensó rápidamente en la venganza. Todo el odio que había acumulado calladamente, ignorándolo él mismo, reventó en explosión inusitada.

¡Ah, si yo pudiera no olvidarla! ¡Gustoso sufriría por ella antes que sentirme vacío de ella!

El semblante del desconocido habíase demudado con angustia mortal. Su visible dolor hallábase tan lejos de la ofensa, que cualquier sospecha hostil transformábase en compasión.

Allá lejos, en la línea como trazada con un lápiz azul, que separa las aguas y los cielos, se iba hundiendo el sol, con sus polvos de oro y sus torbellinos de chispas purpuradas, como un gran disco de hierro candente.

Te lo prometo, a pesar de que la tendencia natural del hombre es al progreso, a mejorar lo que es susceptible de mejoramiento...

Morir, y joven: antes que destruya
el tiempo aleve la gentil corona
cuando la vida dice aún: ‘soy tuya’,
aunque sepamos bien que nos traiciona”

No soy orgulloso, sino feliz, y la felicidad ciega algunas veces más que el orgullo.

Mendigan los viejos decrépitos, a fuerza de votos, el aumento de algunos pocos años. Fíngense de menos edad, y lisonjéanse con la mentira; engáñanse con tanto gusto como si juntamente engañaran a los hados.

Frisaba ya en los setenta años; era delgado, pálido, de pequeña estatura, pero vigoroso, activo y ligero, y bajo aquel aspecto de ancianidad llevaba el alma de un niño y el corazón de un ángel.

He tenido ojos verdes como las algas que crecen al pie de los muros de mi palacio y que son las que dan al mar ese color verde que admiráis tanto, señora.

A los de abajo no nos quea otro recurso que rabiar trabajando pa otros o seguir la única carrera que da dinero y nombre: matá.

En este silencio, en esta calma inactiva, había amores.

No hay medio más eficaz de suavizar nuestros dolores, de aplacar nuestra cólera y arrojar el veneno de las pasiones que verlas reflejadas en el espejo de una obra de arte.

Está el cielo, el mismo cielo de la comarca de Sigüenza, redundando el paisaje, como la miel caliente que penetra en el pan.